miércoles, 5 de septiembre de 2007

Introducción

La ciudad de Dios en Bogotá, en el barrio villa Javier[1]

El texto se divide en tres partes, la primera y la última corresponden al análisis de la socióloga Rocío Londoño, en la que se profundiza en unas características, que se acercan más hacia lo que es un trabajo histórico; a diferencia de lo que es la correspondiente parte que analiza el arquitecto Alberto Saldarriaga Roa, que a mi juicio presenta una intención a lograr una historia urbana de este barrio de Bogotá, pero la insuficiencia de problemas menos particulares, hacen que esta parte del libro sea una limitante en un análisis por parte de un científico social, ya que lo que hace es enunciar el proceso arquitectónico por el cual ha pasado este asentamiento, pero en lo que respecta a las causas de los cambios y a darle una continuidad a los procesos económicos, sociales o económicos, resulta ser un trabajo limitado y superficial.

En lo que respecta al análisis sobre el trabajo que si merece tal como es el de Roció Londoño, este plantea algo fundamental y es mostrar que esta obra social denominada con el tiempo villa Javier, es producto de unas dinámicas que estaba viviendo la iglesia en el campo europeo, ya que las ideas liberales y la naciente formación de sindicatos, trastocaba de alguna manera la posición social de la iglesia, haciendo que la fundación del primer sindicato bogotano hacia el año 1909, motivará a la sociedad eclesial a mantener su status quo, a través de las asociación de esta población en la según este texto, pretendía inculcar toda la moral y la forma de vida que contiene la doctrina cristiana; pero lo que esto mostró fue que lo pretendido por la iglesia y sus actores como el padre Campoamor, no era luchar por los salarios ni por las horas de trabajo características de la lucha sindical, sino que como evidencia la principal fuente para la reconstrucción de esta historia, el boletín del círculo de obreros, lo que buscaba era controlar esta población dispersa, mejorando sus condiciones de vida para así poder manifestar su reconciliación (en algunos casos) o la acogida de la veracidad del discurso clerical respecto a el rumbo que debían darle a su vida y a su trabajo, creyendo que esto evitaría que esta clase obrera colombiana, siguiera los pasos de su similar europea que ya había hecho suficiente daño a la iglesia en otros espacio y tiempos.

Este trabajo también plantea muchas cuestiones sobre las dinámicas en que surgen los barrios obreros de Bogotá a inicios del siglo XX, no solo por las condiciones políticas ya conocidas, sino por las mentalidades y la condición psicológica por la que atravesaba este tipo de población, esto es mostrado por el manejo de estadísticas y censos hecho por la autora, donde la sola condición de ser obrero era visto dentro de la sociedad como alguien propenso a tomar caminos radicales de lo establecido por el contexto, lo que hacía que la misma sociedad obrera desde su interior palpara estas consideraciones respecto a ella, afectando de algún modo la dinámica exterior sobre este sector, ya que como esta población compartía en ocasiones la pobreza con otros sectores como los artesanos, no hacía que este tipo de similitud los hiciera iguales a los ojos de los benefactores, haciendo que lo buscará este tipo de obras no fuera una asociación de los pobres en general, sino que solo involucraba al sector obrero para la obtención de los beneficios que ofrecía una obra como villa Javier.

Este trabajo sobre un tipo de asociación obrera en la naciente industrialización bogotana, manifiesta que la fundación del círculo de obreros no es el inicio ni el fin de un proceso que involucraba a muchos y diversos actores, ya que asociaciones políticas a las cuales pertenecía esta población como era la liberal y conservadora, era también una variable a tener en cuenta sobre el análisis, ya que como nos dice Roció Londoño: “a diferencia de Antioquia el pueblo bogotano era mayoritariamente liberal”[2]característica que condicionará de algún modo el futuro de la obra del padre Jesús María Campoamor. Algo que si no se aprecia en el trabajo es uno de los puntos que la autora pretendió tratar en la primer parte, y es el papel de los actores seculares en el desarrollo de esta obra social, ya que al inicio actores como la masonería tratados en un primer momento se disuelven en unas generalidades, que no pienso que hayan sido tan globales como se pretende en el escrito, ya que no creo que poner en un similar papel a sectores de la población como es la sociedad católica conservadora bogotana y a aquellos que tenían interés en que se consolidarán procesos de desarraigo eclesial dentro del plano político, social o económico, sea aconsejable en una historia como la que se trata en este tipo de trabajos.

El trabajo de la socióloga Roció Londoño ha estado involucrado con los obreros y el sindicalismo como lo manifiestan otra obra suya como es: la “crisis y recomposición del sindicalismo colombiano. 1946-1980”[3], también ha trabajado bajo la tutoría de Hobsbwam sobre temas relacionados con esta temática, además esta asociada a departamentos de historia, sociología y artes de las universidades Nacional de Colombia con sede en Bogotá y la Pontificia Universidad Javeriana de la misma ciudad. En lo que respecta al otro autor que colaboro en el trabajo Alberto Saldarriaga, este es graduado de arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, trabajando conjuntamente en departamentos de planeación de la capital colombiana.



[1]Rocío Londoño Botero y Alberto Saldarriaga Roa (1994) La ciudad de Dios en Bogotá, barrio villa Javier. Bogotá, Fundación social.

[2] Rocío Londoño Botero y Alberto Saldarriaga Roa (1994) La ciudad de Dios en Bogotá, barrio villa Javier. Bogotá, Fundación social. Página 26.

[3]Rocío Londoño Botero (1980)”crisis y recomposición del sindicalismo colombiano. 1946-1980”. Bogotá Planeta.[3]

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